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Viva la Anarquía! ..

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diciembre 2017

Caminar – HENRY DAVID THOREAU

Quiero decir unas palabras a favor de la Naturaleza, de la libertad total y el estado salvaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles; considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad. Desearía hacer una declaración radical, si se me permite el énfasis, porque ya hay suficientes campeones de la civilización; el clérigo, el consejo escolar y cada uno de vosotros os encargaréis de defenderla.

En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiesen el arte de Caminar, esto es, de andar a pie; que tuvieran el don, por expresarlo así, de sauntering [deambular]: término de hermosa etimología, que proviene de “persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse à la Sainte Terre”, a Tierra Santa; de tanto oírselo, los niños gritaban: “Va a Sainte Terre”: de ahí, saunterer, peregrino. Quienes en su caminar nunca se dirigen a Tierra Santa, como aparentan, serán, en efecto, meros holgazanes, simples vagos; pero los que se encaminan allá son saunterers en el buen sentido del término, el que yo le doy.— Hay, sin embargo, quienes suponen que la palabra procede de sans terre, sin tierra u hogar, lo que, en una interpretación positiva querría decir que no tiene un hogar concreto, pero se siente en casa en todas partes por igual. Porque éste es el secreto de un deambular logrado. Quien nunca se mueve de casa puede ser el mayor de los perezosos; pero el saunterer, en el recto sentido, no lo es más que el río serpenteante que busca con diligencia y sin descanso el camino más directo al mar. Sin embargo, yo prefiero la primera etimología, que en realidad es la más probable. Porque cada caminata es una especie de cruzada, que algún Pedro el Ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha y reconquistemos de las manos de los infieles esta Tierra Santa.

 

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El temperamento anarquista en el vórtice de la historia- Renzo Novatore

En el anarquismo —como vida material y prácticamente vivida— hay, por encima de los dos diversos conceptos filosóficos que lo dividen en el campo de la teoría, comunista e individualista, dos instintos físicos y espirituales que sirven para distinguir dos temperamentos comunes a ambas tendencias teóricas y filosóficas.

Aunque los dos son hijos del mismo sufrimiento social, tenemos dos instintos diferentes que nos dan dos padecimientos diferentes de origen hedonista.

Están los que sufren —diría Nietzsche— por exuberancia de la vida (sean comunistas o individualistas) y los que sufren por empobrecimiento de la vida. A estos últimos pertenecen los comunistas y los individualistas que aman la paz y la tranquilidad, el silencio y la soledad. A los primeros pertenecen los comunistas y los individualistas que sienten el yo interior como un poderoso estremecimiento dionisíaco desbordante de potencia, y la vida como una demostración heroica de fuerza y voluntad. Son aquellos que tienen la necesidad instintiva e irresistible de lanzar la llama de su “yo” contra los muros del mundo exterior para desquiciar y vivir la tragedia.

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La naturaleza humana: Un concepto excedentario en el anarquismo- Tomás Ibáñez

Un examen cuidadoso de lo que Proudhon, Bakunin, Kropotkin, y otros fundadores del anarquismo escribieron acerca de la naturaleza humana, presenta el innegable interés de informarnos sobre algunos de los supuestos que guiaban su pensamiento, al mismo tiempo que evidencia la falacia de ese manido tópico que atribuye al anarquismo una visión excesivamente optimista de la naturaleza humana.

El interés que prestaron al tema de la naturaleza humana provenía, probablemente, de la necesidad de reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de la anarquía y, también, sobre la manera en la que esta podría afectar el desarrollo de los individuos. De hecho, era necesario examinar detenidamente el argumento según el cual determinadas características del ser humano hacían inviables los modos de vida colectiva propugnados por los anarquistas y, recíprocamente, había que reflexionar sobre las características que debía presentar el ser humano para que una sociedad sin coacción institucional fuese realmente posible. Asimismo, también había que preguntarse si la arquitectura social propugnada por los anarquistas favorecería, o no, el desarrollo de las potencialidades positivas del ser humano y si se necesitaría algún mecanismo de contención para neutralizar sus eventuales componentes negativos.

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Los fascistas son instrumentos del Estado – Peter Gelderloos

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  1. El Fascismo se extiende en muchos países industriales y post-coloniales, y existe en forma de nacionalismo extremo, neo-nazismo, o algún otro autoritarismo extremo. En casi todos los casos, los comunes y corrientes de los movimientos fascistas tienden a ser miembros desposeídos de un grupo privilegiado en la sociedad (p.ej. blancos pobres). En la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los alemanes de clase trabajadora estaban empobrecidos por la Depresión, en contraste con su auto-imagen de nación rica y poderosa. En la Alemania moderna, los partidos políticos neo-nazi obtienen la mayor parte de los votos, con frecuencia más del 10% del total, en estados donde el desempleo es mayor. En los EE.UU., los blancos pobres del sur que no disfrutan de la riqueza prometida a las personas blancas de la nación más rica en la tierra, con frecuencia se unen al Ku Klux Klan. En Ruanda, los Hutus, empobrecidos y en gran necesidad de tierra, expresaron su deseo de más riqueza y poder identificándose con la etnia mayoritaria, uniéndose a los partidos fascistas Hutu responsables del genocidio. Hubo un movimiento fascista similar entre los Hindúes en India, aseverando su poder como etnia mayoritaria. Así, el fascismo puede ser visto como una respuesta al desempoderamiento y a las promesas incumplidas de privilegio.

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